Me canso de ser yo la que te busca, de ser yo la que esta ahí al pie del cañon, la que intenta entablar una conversación y la que dice las primeras y últimas palabras cada noche cuando tu estás ahí pero estás ausente. Cuando estás por compromiso y ni eso. Cuando contestas mis mensajes por no dejar y yo ¿cuando debo dejarte? Y no es que tu hayas pedido eso porque fuiste muy clara con tu postura egoísta al pensar solo en ti y tus cosas, pero el error no es tuyo sino mío al tontamente creer que las promesas que hicimos fueron verdad y es justo ahí donde viene el desconsuelo de caer en cuenta que ni fue verdad ni volverá a serlo.
He ignorado las mentiras, las palabras vacías y todo eso que sigues guardando engañandome al pensar que tu no eres así, que jamás me harías daño; pero entonces me invade ese sentimiento porque en el fondo se lo que pasa y aunque trato de ignorarlo sigue ahí, doliendo.
No poder y no querer son dos cosas muy distintas. Yo no puedo y comienzo a creer que tú simplemente no quieres.
Espero el día en que deje de sentirte así, tan punzante e hiriente, tan lejana y fría, tan tú. Espero el día en que simplemente deje de sentirte por completo.
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