Cuánto camino llevabas andado pensado lo mismo que yo, ni siquiera los días podías contarlos habías perdido de vista el reloj. La puntualidad de los sentimentales que estiran el tiempo como si un adiós fuera a durar toda la vida y una despedida que no terminó.
Tendré que acostumbrarme a lo mejor a la impaciencia de que tú llegues siempre tarde y yo siempre esté esperándote. Tú llegues siempre tarde y yo siempre esté esperándote.
Si dejáramos de lado todo aquello que nos duele tendríamos un sitio para volver a ser alguien diferente. Mientras tú llegues siempre tarde y yo siempre esté esperándote.
Algo se quemó por dentro, caparazón. Yo debía estar ardiendo.
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